Un prado crece más deprisa que un bosque. Esta fue la idea fundamental que inspiró el papel de hierba. La constante disponibilidad de esta en todos los lugares y estaciones, una cadena de producción más corta que no requiere transportes largos, un consumo de energía reducido y el uso de agua y algunas sustancias químicas para su elaboración hacen que este nuevo tipo de papel resulte increíblemente interesante.

“Las plantas que se desarrollan en altura, como los árboles, necesitan un polímero (lignina) que hay que neutralizar químicamente durante el proceso de producción del papel. Las plantas bajas con tallo no leñoso no presentan este problema”, explica Uwe D’Agnone, el inventor del papel hecho de hierba. Las fibras se extraen más rápido, por cada tonelada se ahorran más de 6.000 litros de agua aproximadamente y el consumo de energía eléctrica y las emisiones de bióxido de carbono son netamente inferiores respecto a las resultantes del tratamiento químico de la madera.

Los campesinos también salen beneficiados. Al final de la época de la siega, a menudo el heno tiene una estructura demasiado desarrollada y no se puede usar como forraje para el ganado, de modo que este heno se destina a la producción de papel.

Actualmente el papel de hierba está compuesto en un 40-50% por hierba seca y la parte restante por papel usado o de fibras de madera frescas. El objetivo es llegar al 70% de fibras de hierba.