Somos ecológicos pero sí, también recurrimos a los tratamientos

Nada de brujería, oscuros rituales de vudú o trucos de magia. En realidad, cultivar manzanas en ecológico es muy sencillo: en vez de usar pesticidas sintéticos y fertilizantes químicos, recurrimos exclusivamente a abonos orgánicos y productos fitosanitarios a base de sustancias idénticas a las que se encuentran en la naturaleza. Nada más, y sin compromisos.

La agricultura ecológica no es toda igual: ¿cuáles son las diferencias entre cultivos biodinámicos y orgánicos?

Según el enfoque biodinámico, la tierra, los animales y los hombres interactúan armoniosamente dentro del ciclo natural y agrícola. Cada intervención se lleva a cabo en función de los efectos que produce en el ecosistema general y está estudiada teniendo en cuenta las influencias astrales. El cultivo orgánico, en cambio, apunta a manejar el ecosistema de forma sostenible y a evitar toda injerencia externa. En la práctica, ambos enfoques persiguen el mismo objetivo: consolidar, en lugar de alterar, el delicado equilibrio de la naturaleza y preservarla para las próximas generaciones y los que vengan después de ellas.

Cultivar manzanas con el método ecológico.

Cultivar fruta de manera ecológica significa proteger el medio ambiente y el clima, gracias a una producción que adopta criterios de máxima sostenibilidad. Los agricultores ecológicos nos hemos comprometido a favorecer la conservación de la fertilidad del suelo. Por eso utilizamos exclusivamente abonos de origen natural: como el compost, el mejor ejemplo de este enfoque. Sin embargo, hay algo que muchos siguen sin saber: la agricultura ecológica no renuncia del todo al empleo de productos fitosanitarios. Eso sí, no recurre a productos de síntesis, sino a sustancias que derivan de otras naturales, como el cobre y el azufre, por ejemplo.

El número de manzanas presentes en el árbol influye de manera decisiva en la calidad de los frutos. A menudo, menos es más: de hecho, que haya pocas manzanas es sinónimo de mayor calidad. Por eso nuestros cultivadores aclaran las flores de forma mecánica o utilizan defoliantes naturales. Al hacerlo, por supuesto, respetan los límites máximos permitidos, para evitar que los frutos crezcan en exceso.

La palabra clave es “equilibrio”: el natural, que campaña tras campaña garantiza una cosecha proporcionada.

Para que las plantas aprovechen todas las sustancias nutritivas del terreno, es necesario eliminar las adventicias de los espacios entre una hilera de árboles y otra. No obstante, contrariamente a lo que ocurre en la agricultura convencional, los agricultores ecológicos no empleamos herbicidas químicos de síntesis, sino que intervenimos de forma mecánica en la superficie de la base de las plantas. Sin duda, se trata de una elección más laboriosa y costosa, pero que no altera el ciclo natural.

La biodiversidad es una valiosa aliada para los agricultores ecológicos, nos ayuda en nuestra tarea de utilizar el menor número posible de fitofármacos. De hecho, el cuidado de las plantas con métodos ecológicos apunta a instaurar un equilibrio natural entre la flora, los parásitos y los insectos útiles. Así, en la producción ecológica de fruta se interviene para promover la creación de un hábitat favorable para estos últimos: por este motivo en nuestros prados se encuentran a menudo matorrales o cúmulos de piedras. A cambio, los insectos útiles intervienen en la regulación natural de las poblaciones de organismos parasitarios, y de esta forma ya no es necesario emplear productos fitosanitarios de origen químico.

Una contribución “fundamental” es la que aporta el suelo: al aumentar su calidad los árboles y las manzanas crecen mejor. Por este motivo, entre otros, los agricultores ecológicos trabajamos para conservar la fertilidad del suelo. Utilizamos exclusivamente abonos orgánicos de origen vegetal y animal para fertilizar: el estiércol y el compost, de hecho, influyen de manera especialmente positiva en los terrenos y, al estimular la producción de humus, con el tiempo también en su estructura. Por último, con el compost y los abonos verdes, mediante la siembra de plantas se mejora también la asimilación de las sustancias nutrientes por parte del suelo.

Cultivo biodinámico de manzanas.

El cultivo ecológico adopta una visión holística. Así pues, concibe la finca agrícola como un organismo vivo y único. Las personas, los animales, las plantas y la tierra interactúan entre sí de manera sinérgica y complementaria.

El cosmos, el suelo e incluso las energías psíquicas de los animales condicionan el método de cultivo y la cosecha de la fruta.

Los agricultores biodinámicos utilizan preparados obtenidos a partir de sustancias naturales específicas y los aplican como remedio para el suelo. Estos activan y armonizan los procesos vitales en el terreno, tanto en lo que respecta a las plantas como a los animales. En la mayoría de los casos, se producen directamente en la misma finca agrícola, como por ejemplo los preparados para esparcir obtenidos a partir de cuernos y estiércol.

Además de producir fruta, en las fincas biodinámicas se suele practicar la cría de animales y la horticultura. Normalmente no se trabaja toda la superficie disponible: una parte de los campos se deja sin cultivar, a disposición de los insectos útiles.