En 1990 se convirtió al cultivo de manzanas ecológicas y a mediados de los años 90 plantó las primeras viñas PIWI. Rudolf Niedermayr –aunque los amigos y parientes lo llaman simplemente Rudi– siempre ha estado a la vanguardia en lo que respecta a su oficio. No asombra demasiado que sea uno de los progenitores de la cooperativa Biosüdtirol, uno de aquellos seis hombres que en 1990, en una finca alrededor de una mesa, dieron vida a su visión: comercializar juntos manzanas cultivadas en ecológico. Seis hombres obstinados que han acabado convirtiéndose en más de 200. Y ahora ha llegado el momento de que los pioneros confíen las fincas a sus hijos.

Un paraíso en pleno Alto Adige. Los prados de la finca Gandberg se encuentran en Appiano, justo en las proximidades del bosque situado bajo el macizo de la Mendola. De las llamadas buche di ghiaccio del cercano bosque llega ese aire fresco a las plantaciones que crea un microclima especial.

Cuando todavía no se sabía seguro quién sustituiría a Rudi en la dirección de la finca, Thomas habló con sus cinco hermanos… Y su vida cambió en un instante. Dejó su trabajo y se matriculó en un curso de formación en la escuela profesional agrícola de Laimburg. Antes había trabajado ocho años como carpintero en una pequeña empresa muy conocida en la región por sus preciados muebles de madera maciza. Tras la formación, sus primeras experiencias laborales se desarrollaron en Austria, como asesor para la poda de viñas, a lo que se siguieron unas prácticas en una bodega. Ahora se está preparando para la hora X: le ha sido confiada la finca de sus padres y el testigo pasa a una nueva generación.

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“Nuestros vinos naturales fermentan de forma espontánea. Ni los filtramos ni los adornamos.”

Desde 1991 Rudi cultiva no solo las manzanas en ecológico sino también el viñedo. Al poco tiempo la bodega se une a la finca. Su hijo Thomas incorpora los métodos de cultivo naturales al trabajo en la bodega: “Nuestros vinos naturales fermentan de forma espontánea. Ni los filtramos ni los adornamos”. El siguiente paso tiene lugar en 2017: los Niedermayr construyen una nueva bodega, en la ladera que se asoma directamente a la finca. La misma zona en la que se encuentra la viña PIWI (compuesta por cepas resistentes a los hongos). Ahora la bodega es como el vino: genuina y sin florituras. El cemento armado se combina con materiales naturales del lugar, como el pórfido, el castaño y el pino silvestre.

Reflexivo y enamorado de la naturaleza, la filosofía de Rudi se percibe también en sus plantaciones. En el viñedo crecen variedades PIWI al 95% y los diferentes tipos de manzanas que propone son resistentes a la roña. ¿De qué variedades estamos hablando? Topaz –su padre, Rudi, incluso ha descubierto una mutación accidental en sus manzanos: la Topaz roja–, Bonita y Evelina. Su alta resistencia o baja vulnerabilidad hace menos necesarios los tratamientos con productos fitosantarios, de modo que tanto las plantas como el terreno quedan más protegidos.

Para contribuir a aumentar la fertilidad del terreno, Thomas siembra abonos verdes entre las hileras. En particular, recurre a la técnica de la siega, más que al acolchado. “El heno se deja entre las hileras. No por pereza, sino para proteger el terreno y crear una capa de humus que incremente su calidad”: así explica Thomas su enfoque. Además, los abonos verdes favorecen la biodiversidad y sirven de casa a los insectos útiles. Las columnas que definen las líneas de los árboles no son de cemento, como es habitual, sino de madera de castaño sin tratar procedente del cercano bosque. Gracias a una técnica de fijación particular, estas columnas de madera resisten durante generaciones.

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El trabajo infinito en las plantaciones de manzanos y los viñedos requiere la ayuda de muchas manos. Thomas confía en sus compañeros de aventura y ayudantes de cosecha: sus padres, Maria y Rudi, las dos Marlene (su mujer y su hermana) y Christa y Pavel, colaboradores a media jornada. Si se le pregunta por qué no se concentra únicamente en la bodega y la venta del vino, la respuesta es inmediata: “Hace años asumí la responsabilidad de esta finca para poder vivir en contacto con la tierra. Tengo que sentir la naturaleza debajo de mis uñas”. En una sola palabra: un filósofo. En la manera de manejar la finca y en la vida, entre manzanos y viñas.