La finca Huber es una de las más antiguas de Fiè allo Sciliar, una aldea con una pintoresca ubicación sobre un altiplano en Val d’Isarco. Citada por primera vez en el lejano 1291, desde 1774 es la casa y la fuente de sustento de la familia Gostner. Tal vez fueron las históricas paredes de la finca familiar las que inspiraron a Anton Gostner para llevar a cabo una idea insólita. Además de la productiva cría de animales, un día decide empezar a cultivar manzanas. En busca de un estilo de vida y de cultivo apto para la familia, los animales y los frutales, a principios del nuevo milenio los Gostner dan con la solución ideal: a partir de entonces, toda la finca Huber se convierte a lo ecológico.

Sin embargo, el camino adecuado no es siempre el más fácil de recorrer. Si los comparamos con los que están situados al fondo del valle, los manzanos que se encuentran a los pies del Massiccio dello Sciliar, a 900 metros de altura, están expuestos a un riesgo mucho más elevado de cara a las heladas. El hielo no es muy amigo de la fruticultura, pues destruye las flores y daña las manzanas, de ahí que en esta zona no haya muchos campesinos que cultiven fruta. No obstante, durante las noches más frías, de vez en cuando se puede proteger los árboles poniendo velas o regándolos. Tanto el fuego como el agua –que se congela por debajo de los cero grados y al enfriarse desprende calor– pueden aumentar ligeramente la temperatura, de forma que resguardan las yemas y las flores. Y en las noches de hielo, la cama de Johannes Gostner se queda casi siempre vacía: está en los campos protegiendo los manzanos, como le enseñó su padre.

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Los frutos de este incesante esfuerzo crecen en los árboles y se diferencian por sus múltiples colores. Si el hielo no las daña, las manzanas muestran toda su belleza: las amarillas Golden Delicious con sus motas; la Evelina®, la Red Delicious y la Bonita con sus trajes de color rojo intenso; y luego están la Natyra®, la Topaz y la Kanzi®.


“Bio’ no es simplemente una etiqueta pegada a un producto ecológico, es una visión del mundo.”

En la finca Huber las manzanas son importantes, pero no lo son todo. Además del cultivo de fruta, la cría de animales, una casa rural y el refugio Huber Schwaige en Alpe di Siusi son los pilares de la finca familiar. Menos mal que Anton tiene seis hijos: tres chicas y tres chicos.

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Johannes es el agricultor, Michael el cocinero del refugio Huber Schwaige y Benjamin está siempre ahí, atendiendo a los huéspedes. Más de la mitad de los productos que ofrecen en el refugio llegan desde la finca Huber: la carne bovina, de cordero y de cerdo procede de animales criados por la familia. También otros productos típicos de Alto Adigio como el specko las longanizas ahumadas (Kaminwurzen). Así como el queso, la mantequilla y la leche, por supuesto. De los huevos, en cambio, se encargan las gallinas. Y por último, las manzanas, las lechugas y una parte de las verduras se cultivan directamente en los terrenos de la finca.

Los Gostner compran lo que les falta en establecimientos ecológicos. Como por ejemplo el resto de verduras, que proceden de Biokistl, y los vinos, producidos por dos agricultores de Biosüdtirol en las fincas In der Eben y Zöhl. Todo “bio” y con trazabilidad. Gracias a estos fundamentos y a no renunciar a sus principios, en 2017 el Huber Schwaige se convirtió en un refugio Bioland.

Al dar un bocado a su strúdel de manzana casera te das cuenta de que los ingredientes extra del esfuerzo y la pasión recompensan de tanto trabajo. Y cuando, por un momento, ves a los “muchachos Huber” –como los llaman en el pueblo– manos a la obra, te transmiten inmediatamente la chispa del entusiasmo. Entonces tienes la certeza de que la finca Huber seguirá siendo durante mucho tiempo un lugar insólito de Fiè allo Sciliar.

Strúdel de manzana caramelizado