Inicios de los años 90. Josef Unterfrauner es un auténtico cúmulo de energía. Se queda con Zöhlhof, la finca familiar que gestionaban sus padres en el Val d’Isarco. Y con la misma pasión empieza a encargarse de los manzanos de la abadía de Novacella. En 1992 Josef se casa con Luise. Un año después ve a su mujer embarazada paseando por los campos delante de la puerta de casa y un pensamiento le pasa por la cabeza como un rayo. Hace unos instantes ha tratado esos manzanos con fitofármacos químicos: algo que no debe existir en el mundo que se imagina para sus hijos. Es entonces cuando, de forma conjunta con su mujer, decide cambiar de método de producción.

Lo que todavía está escrito en las estrellas es cómo. De hecho, Josef no sabe qué va a hacer exactamente, pero ya tiene claro lo que quiere: cambiar la situación. Por una feliz casualidad, o tal vez por una indudable señal del destino, un antiguo compañero de colegio pasa por Zöhlhof durante una excursión. Y deja mucho más que las meras huellas de las ruedas de su bici: su relato sobre cómo ha encontrado su propio camino desde hace ya algunos años como agricultor ecológico en el Val Venosta es la chispa que enciende en Josef el fuego de una nueva pasión.

Esta charla es solo el principio. Le sigue una visita a la finca de su amigo y un encuentro informativo sobre la conversión a la agricultura ecológica, en Bressanone. En poco tiempo Josef se convence de que eso es lo que busca. Ese mismo invierno convierte todos los cultivos: desde los manzanos hasta los viñedos de su finca. Y no solo eso: también convence a los administradores de la abadía de Novacella para que sigan su ejemplo con las manzanas. Desde el primer momento tiene claro el camino: o se hace con toda el alma o mejor dejarlo estar. Para él una solución intermedia –en casa en ecológico y en el convento de forma convencional– no es una opción.

Al principio los obstáculos son muchos. Las cosechas e incluso los campos no son como Josef se los imaginaba. Pero no rendirse nunca forma parte de su carácter. Así que pone todo su corazón y su cerebro en ampliar sus conocimientos sobre la agricultura ecológica, reunir consejos de quienes tienen más experiencia y absorber todo lo que le puede hacer falta: en la práctica, experimenta y descubre todo lo que hay que saber sobre la naturaleza, cada día más. Y esto es lo que empieza a desear para sus hijos también. No obstante, al informarse, se da cuenta de que la formación académica clásica no encaja con su familia. Así, los Unterfrauner se convierten en uno de los pilares para la creación de una escuela privada Waldorf en Bressanone. Y coincidiendo con el primer año de enseñanza primaria de su hijo mayor, empieza la aventura de esta nueva realidad educativa.

“Si quieres cambiar algo, hazlo. No tienes que saber cómo necesariamente, pero es preciso que sea hoy.”

La pedagogía Waldorf florece –se crea una guardería, una escuela de primaria y de secundaria y el primer ciclo de instituto–, precisamente como ocurre con la finca Zöhlhof. En 2001 Josef decide dejar de llevar sus uvas a la bodega Valle Isarco y producir directamente sus propios vinos, a pesar de no poseer grandes conocimientos de enología: un verdadero paso de valiente. Los primeros años Hayo Loacker, un enólogo con mucha experiencia en cultivos ecológicos, se ocupa de elaborar los vinos de la finca Zöhlhof. Más tarde, en 2007, Josef da otro salto al vacío y traslada toda la producción a su casa. Por otra parte, antiguamente en la bodega de la finca se producía vino...

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A propósito de otros tiempos, en las crónicas del lugar el nombre “Zöhlhof” aparece por primera vez en 1484: antes de que Cristóbal Colón descubriera América. Más de quinientos años después, la construcción principal sigue en pie. Y, al final, los Unterfrauner deciden reformar precisamente esa casa con el máximo respeto hacia lo que ya existía. Al principio de las obras, todo se encontraba en su estado original. Ellos pulen el pavimento de madera, enmasillan las paredes con arcilla y añaden iluminación al interior. La sala principal, donde Josef recibe a los autobuses llenos de personas que llegan a la finca para las visitas guiadas, presenta un pavimento peculiar: un lado es 25 cm más bajo que el otro, por lo que resulta de todo menos llano. Pero eso es precisamente lo que le otorga encanto y carácter al lugar. Josef pone cuñas de madera debajo de las patas de la cajonera y de los demás muebles para corregir el desnivel del suelo. En el fondo, la vida puede ser agradable y sencilla a la vez.

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A Josef le fascina lo sostenible que era la construcción en sus orígenes. Le parece lógico construir reduciendo los “deshechos” todo lo posible y sin materiales sobre los que no se tenga un conocimiento profundo. Este planteamiento es el hilo rojo que une su bodega restaurada y los muros de piedra seca que sirven para contener los viñedos y los campos de manzanos a lo largo de la ladera de la montaña. De hecho, estos últimos años Josef, junto con Wolfgang, su hijo menor que un día será su sucesor, ha creado esos muros con sus propias manos. Piedra a piedra. Y es bonito darse cuenta de que la próxima generación no se queda solo mirando, sino que se interesa y actúa.

Cuanto más nos rodeamos de materiales naturales más posibilidades tenemos de envejecer sanos: una enseñanza de nuestros mayores que desafortunadamente se olvida a menudo hoy en día. Mientras se afinan los vinos, en la sala de las barricas realizada con ladrillos de cáñamo, por supuesto, Anna –la madre de Josef– demuestra que estar en contacto con la naturaleza también sienta bien a las personas: con ochenta y ocho años, sigue activa y echa una mano cortando leña y creando haces que luego se utilizarán en las estufas para calentar la finca. Más tarde, cuando nos sentamos a escuchar las conversaciones entre los jóvenes y los ancianos en una sala de estar bien caliente, de repente todo se vuelve más claro: el fuego seguirá ardiendo durante mucho tiempo tanto en las estufas como en el corazón de quienes habitan Zöhlhof.

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