Después del instituto agrario Toni se encuentra ante una elección vital: ¿aulas o manzanos? ¿universidad o finca agrícola familiar? Le pregunta al corazón y escucha su instinto. Toni, el menor de cuatro hermanos, se queda con la finca de su padre y en 2006 pasa a la agricultura ecológica. La razón reside en sus ganas de atreverse a probar algo desconocido y emprender un nuevo camino para sí mismo: dedicarse a la agricultura sin utilizar pesticidas químicos sintéticos. Desde entonces la agricultura ecológica ha dado pasos de gigante, y también han cambiado muchas cosas para Toni.

Junto con su padre Hansjörg y sus dos colaboradores Verena y Ali, Toni se enfrenta a todo tipo de retos en los campos de manzanos. Tanto en los suyos como en los de sus compañeros ecológicos que subcontratan una parte del trabajo: desde la protección de las plantas hasta la poda de los árboles o el acolchado. Durante los próximos años, Toni seguirá recorriendo el camino emprendido con las variedades de manzanas. Gracias a Topaz y Bonita, recientemente ha plantado variedades resistentes a la roña que requieren menos tratamientos contra los parásitos. Y pronto se añadirán otras variedades con las mismas propiedades.

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Ideación: en eso piensa Toni. Por una parte para su familia y para sí mismo, pero también de cara a la sociedad. “Para el ser humano y la naturaleza, la agricultura es la base de las demás formas de economía. Por eso es mejor modelarla todos juntos, no como lobos solitarios”. Ha sido fiel a esta convicción durante muchos años en calidad de miembro del consejo de administración de la cooperativa Biosüdtirol y, desde 2017, como presidente de la asociación Bioland de Alto Adigio. Gracias a sus ideas claras, con la comisura de los labios constantemente hacia arriba y los oídos bien abiertos, este joven agricultor ecológico es un verdadero motor para los demás.

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“La diversidad estimula la creatividad, la monotonía vuelve la mente perezosa”.

La familia es para Toni lo que las raíces al árbol. Su esposa Edith y sus tres hijos – Theresa, Johann y Pauline – son su apoyo y su fuente de energía. Su determinación se observa en los niños, cuando le cogen del brazo para jugar. Siempre que el tiempo lo permite, entre su trabajo como asistente pastoral, como madre y como esposa de un campesino, Edith da rienda suelta a su creatividad en la casa y en la cocina.

Quienes tienen la posibilidad de saborear sus rosas de manzana comprenden el amor de Toni por la diversidad, que se refleja en las diferentes variedades de manzana que cultiva: Gala, Golden Delicious, Braeburn, Topaz, Bonita y Pink Lady®. Todo esto acompañado de un poco de vino, un huerto de colores, un corral lleno y unos cuantos cerdos.

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“En lo que respecta al reconocimiento, todavía hay mucho trabajo por hacer. Porque no siempre le damos a la comida el valor que se merece”.

Las verduras no solo se sacan a la mesa en casa, también se ofrecen todas las semanas en el mercado de agricultores ecológicos de Bolzano y Egna. Los pollos viven en la finca todo el año como alegres compañeros de habitación, así como los cerdos durante los meses de calor. Estos últimos, entre otras cosas, se alimentan de los restos procedentes del huerto y en invierno se transforman en jamón ahumado, panceta y longanizas. Un ciclo natural, que se adapta perfectamente a la agricultura ecológica.

Futa, verdura, carne, huevos: en Rieglerhof la familia no solo cocina todos los días algo fresco, sino que también produce una parte considerable de los alimentos que consume. Y puesto que el padre de Edith es apicultor, la miel procede asimismo de las colmenas de la familia. Toni se enciende a la hora de hablar sobre la calidad de la comida. Después de todo, es la base de la existencia humana.

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“No siempre damos a los productos ecológicos el valor que se merecen. A menudo simplemente hay una falta de reconocimiento”, dice Toni. En la vida diaria, en el mercado ecológico y en su trabajo como presidente de Bioland, es un incansable comunicador de valores. No obstante, no quiere convencer a nadie para que se vuelva “ecológico” y mucho menos obligar: ama y respeta demasiado la libertad personal como para llegar a eso. Es un principio que aprendió cuando se atrevió a hacer algo nuevo para su finca y para sí mismo: ahora lo aplica con todos. Sobre todo en la elección de la forma de cultivo.

Pero sus ojos delatan la alegría que siente para sus adentros cuando le sigue alguien nuevo, que se convence del valor de los alimentos y tal vez empieza a valorar lo ecológico.