Klaus Demattio llega al instituto en el momento oportuno: justo un año después de que se inaugure uno especializado en ciencias agrícolas en Auer. Tras sus estudios, adquiere experiencia en la finca familiar, como profesor de prácticas en ese instituto y en el centro experimental Laimburg. Durante dos años trabaja en el aclareo de manzanos, la poda de árboles y nuevos métodos de cultivo.

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“Muchas cosas son más fáciles cuando estás relajado, porque no todo en la vida y en la naturaleza se puede planificar”.

Estos fundamentos le ofrecen a Klaus una visión de la agricultura que abarca diferentes niveles. Para recuperar fuerzas, viaja por Sudamérica. Argentina, Uruguay, Colombia, Ecuador y Brasil: mirar más allá del horizonte de su propio campo le sienta bien y despierta en él las ganas de introducir algún que otro cambio en casa.

Impulsado por un deseo interior de hacer algunas cosas de forma diferente en la agricultura, Klaus se decanta por la ecológica. Un método en el que la atención se centra menos en el aumento de los volúmenes y más en la naturaleza: esa es su motivación. Uno de sus vecinos del campo de manzanos es el agricultor ecológico Markus Pedrotti. Klaus ve que lo ecológico funciona y se informa sobre la comercialización de las manzanas ecológicas. Porque poder vender mejor es una de las premisas en las que Klaus basa su cambio a lo ecológico.

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Así es como Klaus llega a Biosüdtirol. La cooperativa es propiedad al 100% de los agricultores ecológicos que entregan las manzanas, que luego son envasadas y vendidas durante todo el año. “Lo ecológico es un camino con futuro”. Convencido de ello, Klaus convierte su finca a la agricultura ecológica. No es una transición fácil, pero él rara vez se pone nervioso. Tranquilo y con los pies en la tierra, de vez en cuando llama a su vecino Markus para pedirle consejo. “Un agricultor ecológico relajado hace las cosas con más facilidad, porque en la naturaleza no se puede planificar todo”.

En los lindes de los campos que no son ecológicos Klaus planta setos de sauce y avellano. Delante de algunas hileras coloca un arbusto, como protección para los manzanos y como refugio para los insectos beneficiosos. Por lo demás, mantiene los espacios entre las plantas aireados, para que los árboles se sequen rápidamente. Está aprendiendo a conocer mejor los suelos de sus campos de manzanos. Al ser arenosos, tienen la desventaja de que los árboles jóvenes crecen más despacio. Por otro lado, las plantas maduras se mantienen en equilibrio más fácilmente. Tras haber mullido un prado, se permite el lujo de dejarlo en barbecho durante un año. Mediante una siembra va construyendo el suelo, y al año siguiente planta los manzanos. Al fin y al cabo, los tesoros de un agricultor ecológico son el suelo y los insectos beneficiosos.

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“Para mí, el futuro de la agricultura pasa por el valor de deshacerse de algunas cosas, la cooperación entre las fincas y la alegría de ser agricultor”.

El objetivo de Klaus es conseguir arreglárselas con menos tratamientos todavía. No utiliza abono foliar ni otros fertilizantes, solo compost: el que prepara con su vecino.

Para Klaus, la cooperación entre fincas no es solo la solución cuando se habla de compostaje, también es la clave de la repoblación medioambiental dentro de los límites de la finca. “Se trata de tomar medidas ecológicas significativas, no de plantar dos setos que queden bien”.

Klaus ve en las variedades resistentes una forma de reducir los tratamientos, además de la clave para crear nichos ecológicos estructurados. Considera razonable destinar el 50% de su finca a variedades de manzana resistentes. En la actualidad, entre ellas están Gold Rush, RedPop® y Story® Inored, y pronto se añadirá Natyra®. Klaus tiene grandes esperanzas en la variedad Gold Rush, en particular. “Con su agradable mezcla de dulzura y acidez y su color, amarillo fuerte, se distingue entre las de su gama”.

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Ofrecer a los jóvenes la posibilidad de seguir su propio camino es fundamental en la agricultura. Por eso debe haber serenidad y espacio para crecer. La libertad del agricultor no ha de entrar en conflicto con las directrices de la agricultura ecológica, pero al mismo tiempo nadie debe obligarle, por ejemplo, a tener animales. “Me gusta criar pollos, pero si a mi hijo no le gustase, debería ser libre de concentrarse en la fruta. De lo contrario, ni él ni los animales sacarían nada bueno de ello. Y si el objetivo de todo esto es el ciclo cerrado, hay una buena alternativa: la cooperación entre fruticultores y criadores”.

El círculo se cierra, pues la cooperación entre las fincas y la comunidad es también el núcleo de la cooperativa Biosüdtirol. Allí Klaus se encuentra con viejos conocidos, como Franz Egger, que ya se dedicaba a la agricultura ecológica cuando él estaba en la escuela. “La apertura de algunos profesores a lo ecológico me ha formado inconscientemente hasta el día de hoy. Y es bueno que ahora haya una sensibilidad hacia el tema desde la escuela”. Mientras tanto, Klaus también ha pasado a ser un punto de referencia para los agricultores que se convierten a la agricultura ecológica. “Me he beneficiado de los consejos de otros agricultores ecológicos, y todavía hoy intercambio ideas con ellos y disfruto compartiendo mis experiencias. Porque juntos avanzamos mejor”.