Hace ciento cincuenta años, a orillas del río Isarco en Bolzano, justo al lado del actual puente de Loreto, se levantaba una capilla. Cuando el agua se salió de su cauce, el cruce y la iglesia quedaron arrasados. Sesenta años más tarde se encontró la estatua de madera de la Virgen María de la capilla de Loreto, intacta, en la zona sur de la ciudad. Había sobrevivido como por milagro, saliendo indemne del barro y del inexorable paso del tiempo. La zona del hallazgo debe su nombre precisamente a esta leyenda: Engelmoos, musgo de ángel. Aquí es donde vive la familia Alessandrini, en su finca.

El abuelo de Helmuth era un maestro de bodega y una figura crucial en la historia de la familia a nivel formativo. Por amor –que por aquel entonces no era siempre el motivo principal– se casó con su esposa, que había heredado una finca con unas pequeñas parcelas. Sin embargo, el abuelo de Helmuth insiste para no quedarse con la finca. De hecho, busca y encuentra suerte como comerciante de ganado. Pero cuando compra las vacas y los terneros en Austria, no tiene dinero para dárselo a los campesinos. Les promete que volverá en unos meses y les pagará lo correspondiente. Alquila un establo para los animales y los vende con beneficios en los mercados. Luego hace exactamente lo que ha dicho: año tras año, vuelve a Austria y les paga a los campesinos como habían acordado. Una auténtica historia de confianza y honestidad.

El abuelo de Helmuth es un comerciante de ganado con un apretón de manos que tiene valor y, paso a paso, expande su propia empresa. Con las ganancias adquiere unos terrenos al sur de Bolzano y planta peras: gracias al río Adigio, esos terrenos resultan perfectos para el cultivo de fruta. En poco tiempo florecen las peras Kaiser Alexander y Williams, que son recolectadas y colocadas en cestas acolchadas en el momento de la cosecha.

Cuando la gestión pasa al padre de Helmuth, las peras van cediendo su lugar progresivamente a las manzanas. Y tiene lugar una pequeña revolución en las cosechas: llegan las primeras máquinas motorizadas a la finca. Desde que es un muchacho, Helmuth participa con todo su entusiasmo juvenil. Lo que más le apasiona es conducir los tractores. Tras dos años en la escuela profesional para fruticultores y viticultores de Laimburg, enseguida empieza a trabajar en la finca familiar aportando ideas frescas, visiones valientes y nuevos proyectos a construir.

Natyra

A pocos pasos de casa de sus padres, Helmuth y su esposa Marlene levantan una nueva finca. Le ponen un nombre casi celestial, inspirado en la leyenda: Engelmooshof. La pareja empieza a vivir ahí, entre los manzanos, con sus tres hijos. Y cuando estos últimos deciden que ha llegado el momento de irse de casa, los huéspedes y los turistas se unen a la familia Alessandrini. Marlene gestiona las habitaciones del B&B siguiendo el credo que le ha enseñado su madre, cocinera de profesión: “Hacer las cosas con prisas no funciona, lo bueno requiere tiempo”. De vez en cuando Helmuth mima a los huéspedes con exquisiteces caseras, como la confitura de strúdel de manzana. Y no solo eso: a menudo deja en las habitaciones una Natyra®, su manzana preferida. Le encanta ver a la gente satisfecha quedarse con la boca abierta, después.

"Una promesa es una ley no escrita que hay que mantener".

Helmuth vive siguiendo las enseñanzas y los valores de su abuelo. Cuando experimentas la seguridad de su apretón de manos y su poder de persuasión, enseguida te fías de él. Inspirar y motivar a las personas son dos de sus puntos fuertes. Desde hace más de treinta años recurre a ellos desde dentro de varias asociaciones para trabajar por el bien público: actualmente en calidad de presidente del consorcio de mejora de tierras de Bolzano, y durante un cierto tiempo también como director de la asociación local de agricultores. A Helmuth le es ajeno el concepto de excluir a las personas, así como el de burlarse de quienes deciden emprender un camino diferente.

Al principio, los pioneros de la agricultura ecológica en Alto Adigio tuvieron que soportar muchas risas y recibieron poca acogida. En ese momento, Helmuth no hizo ningún comentario negativo sobre ellos. Y eso fue positivo. Porque, en 2010, su hijo Klaus le propuso pasar al cultivo en ecológico. Helmuth se lo piensa durante cuatro o cinco meses, preparando la mente y el alma. Pero la genuina calidez y la comunicación sin secretos de los agricultores ecológicos convencen en poco tiempo a los Alessandrini para dar el gran paso. Durante las inspecciones de los campos, las dificultades se abordan de forma directa y transparente: no se pasa por alto ni se oculta nada. Un intercambio de experiencias que siempre ayuda, pues los primeros dos años tras la conversión no son fáciles.

inspecciones de los campos

Helmuth y Klaus tienen enseguida la sensación de formar parte de la cooperativa desde siempre. En pocos meses ya se sienten como veteranos. Muy pronto empieza su aventura con las variedades de manzana que tienen una reputación ambivalente: excelentes para el paladar pero difíciles de cultivar. Un claro ejemplo de ello es la variedad Natyra®.

La implicación activa de los Alessandrini en la comunidad de agricultores ecológicos encaja perfectamente con su naturaleza. A menudo dedican tiempo a la cooperativa yendo a presentar las diferentes variedades en las degustaciones y nunca se cansan de hablar del cultivo ecológico de manzanas. En febrero de 2019, Helmuth acude a Roma para contarles a todos los italianos, en el programa matutino de televisión más importante del país, las maravillas del cultivo de manzanas ecológicas y su exquisitez.

Helmuth y Klaus Alessandrini

A sus 68 años de edad, Helmuth ha sido elegido por los agricultores de Biosüdtirol como miembro del consejo de administración de la cooperativa. Esto demuestra que su apretón de manos y su poder de persuasión non son palabras vacías, sino más bien valores, tan necesarios en el presente como lo eran en el pasado. Que permiten crecer a toda la comunidad, como ocurre con sus manzanas.