Hansjörg Stürz lo tenía todo claro desde pequeño: “Voy a ser agricultor”. Nada más graduarse en Laimburg, un centro especializado en ciencias agrarias, empieza a trabajar en campos de manzanos y viñedos. Entonces, inesperadamente, le ofrecen la oportunidad de convertirse en bombero profesional. Y la aprovecha.

Gracias a su esposa, Anita, que le echa una mano fuera de sus horas de trabajo, sigue gestionando la finca como segunda actividad. Sus padres también le ofrecen su ayuda. Debido a sus respectivos empleos, Hansjörg y Anita tienen poco tiempo libre: no hay medias tintas, para ellos. En 2005, Hansjörg se entera de que un conocido trabaja siguiendo los preceptos de la biodinámica. Inspirándose en eso, prueba suerte también y empieza por la viticultura. Poco tiempo después, la familia Stürz ya cultiva todos sus campos de forma biodinámica.

El momento de la conversión nunca es fácil. Hansjörg no es ajeno a las dudas que pueden surgir en esta coyuntura. La presión para no cometer errores es grande, en la agricultura ecológica. Es importante tener visión de futuro, promoviendo el equilibrio natural y fortaleciendo las plantas y el suelo. Si se da algún problema, la normativa de las asociaciones Bioland y Demeter solo permite tratamientos con sustancias que también se encuentren en la naturaleza.

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Hansjörg apuesta por los preparados biodinámicos a base de hierbas, minerales y estiércol. Crea compost con milenrama, manzanilla, ortiga, corteza de roble, diente de león y valeriana junto con los agricultores del grupo de trabajo para la agricultura biodinámica. Estos preparados favorecen la conversión del estiércol en compost y regeneran los organismos vitales para el suelo. Con este objetivo, Hansjörg fabrica su propio compost y lo esparce por los prados en primavera.

La sílice y la boñiga en cuerno son los preparados para pulverizar. El primero se elabora a partir de cristales de cuarzo blanco, el segundo de excremento de vaca fresco. Hansjörg los introduce en los cuernos y los entierra con las puntas hacia arriba: ayudan a recoger las energías de la naturaleza, como si fueran antenas. En primavera, Hansjörg introduce la sílice en cuerno en la tierra. En otoño, después de arar, los cuernos llenos de excremento de vaca se vuelven a enterrar hasta la primavera.

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En el momento adecuado, Hansjörg saca los cuernos y llena un cubo de acero con el contenido. Así, transporta la base de los preparados de pulverización hasta la finca y los dinamiza. Para completar este paso, la familia lo mezcla todo con agua en un caldero de cobre durante una hora. Al tratarse de una finca familiar, los Stürz tienen tiempo para dinamizar a mano. En consecuencia, cada miembro contribuye en primera persona a la creación del fortificante para las plantas. Poco a poco, con cada vuelta, la escoba hecha de arbustos de avellano y fresno va cogiendo velocidad, va acelerando hasta que el vórtice deja al descubierto el fondo del caldero. Es en ese momento cuando se empieza a girar en sentido contrario. El caos aparece y desaparece: todo va de arriba para abajo, como en la vida.

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Una vez que los tarros de cristal están llenos, los preparados de compost y la boñiga en cuerno se guardan en una caja especial rodeada de turba. Protegidos de los agentes externos, esperan a ser utilizados. Para que el sol cargue de energía la sílice en cuerno, Hansjörg la conserva dentro de un tarro de cristal en el balcón.

En primavera, Hansjörg aplica la boñiga en cuerno con su pulverizador unas dos o tres veces. Así favorece el crecimiento de las raíces y regenera el suelo. Luego, a partir de junio y hasta dos semanas antes de la cosecha, lo rocía. Esto aporta más luz a los manzanos y refuerza la resistencia de las plantas a las plagas. Además de los insectos beneficiosos, Hansjörg también da cobijo a razas antiguas de gallinas en sus campos. Ha construido un gran gallinero de madera en medio de los manzanos para ellas, que atrapan los gusanos entre las hileras de plantas y disfrutan de su libertad.

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“El elemento espiritual de la agricultura biodinámica nos impulsa y da más sentido a nuestras acciones”. Hansjörg Stürz.

“Me gusta la agricultura ecológica, y la biodinámica tiene una ventaja adicional, en mi opinión. El componente espiritual está más marcado, lo que encaja bien con nuestra familia”. Como no todo se puede explicar, los padres de Hansjörg no se convencen inmediatamente. Sin embargo, echan una mano y se alegran de ver cómo se fortalecen los campos de manzanos. Así, encuentran su camino en la agricultura biodinámica.

“Lo emocionante y enervante al mismo tiempo es que cada año es diferente”, dice Anita. En los últimos diez años, se ha duplicado el número de días en que las hojas de los manzanos están húmedas. Esto le complica la vida al agricultor a la hora de cultivar manzanas ecológicas, ya que la humedad propicia las infecciones fúngicas. Y, con el aumento de humedad, la protección de las plantas pasa a ser una tarea constante desde la primavera hasta la cosecha.

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Las exigencias de calidad de la familia Stürz comportan una gran carga de trabajo, que sigue aumentando debido al cambio climático. Lo bueno es que, además de Hansjörg, Anita y sus padres, se ha incorporado la tercera generación con su hijo Maximilian, cocinero de formación. En la temporada de invierno se pone detrás de los fogones, el resto del año se planta en los campos de manzanos. Según Anita: “El ímpetu de la juventud es bueno para la finca, Maximilian es un agricultor de pura cepa”. Maximilian se ríe: “Lo soy más que nada desde que empecé a conducir un tractor”.

Las manzanas que recolectan son de las variedades Gala, Story®, Inored y Pink Lady®, pero padre e hijo ya están de acuerdo: pronto se añadirán otras de manzanas resistentes. Estas últimas tienen un sabor excelente, se conservan bien y necesitan menos tratamientos.

En la mayoría de las fincas de Alto Adigio, uno o dos miembros de la familia trabajan a tiempo completo como agricultores. Anita, Maximilian, Hansjörg y sus padres muestran cómo, con una fuerte cohesión y sacrificando el tiempo libre, una finca familiar puede funcionar de manera distinta. Tratan cada manzana y cada grano de uva con diligencia, calma y sensibilidad, prestando atención a los más mínimos detalles. Un sorbo de vino o un bocado de una de sus manzanas lo demuestra: la agricultura no se ve perjudicada por el segundo trabajo de Anita, Maximilian y Hansjörg.

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